Todos sabemos que cualquier persona,
con solo saber leer y escribir, puede expresar sus pensamientos en
alguna forma primaria y elemental de redacción, haciendo
caso omiso de la ortografía y de los signos de
puntuación. Pero es innegable, igualmente, que el manejo
correcto de dichos signos, requiere de una enseñanza y un
aprendizaje muy metódicos, ya que la aplicación
correcta de ellos alcanza a poner en jaque, con mucha frecuencia, a
personas que permanentemente tienen que escribir, como secretarias,
ejecutivos, jefes de oficina, profesores, etc. Basta mencionar la coma,
para recordar el gran número de vacilaciones con que nos
hace tropezar, al tratar de redactar bien aún el asunto
más sencillo.
Pero aprender el uso correcto de los
signos de puntuación, es inseparable del dominio que debe
tenerse de todos los elementos sintácticos que intervienen
en la estructuración de la oración gramatical, en
cuya unidad metodológica debe figurar, como punto de unidad
y de partida, la oración psicológica. Tal vez, en
cuanto a su valor técnico y práctico, ninguna
obra igual se había escrito hasta ahora sobre dicho tema.